Capítulo 14

Beneficios del nuevo pacto

JEHOVÁ le encargó a Jeremías una misión doble que consistía, por una parte, en ‘desarraigar, demoler, destruir y derruir’, y, por otra, en ‘edificar y plantar’. El profeta acometió la primera parte publicando la maldad de los soberbios judíos y declarando el juicio divino contra ellos y contra Babilonia. Por otro lado, sus profecías también llevaron un mensaje de esperanza, pues predijeron que Dios edificaría lo que se había propuesto edificar y plantaría lo que se había propuesto plantar. Por ejemplo, al proclamar la restauración de los judíos a su tierra natal, estaba cumpliendo con la segunda parte de su comisión (Jer. 1:10; 30:17, 18).

2 El hecho de que Jeremías proclamara la restauración del pueblo judío no implicaba que Dios iba a mimarlo o a rebajar sus normas de justicia. De ninguna manera: Jehová ejecutaría juicio contra los rebeldes judíos (léase Jeremías 16:17, 18). En esa época no había mucha gente en Jerusalén que ‘hiciera justicia’ o ‘buscara fidelidad’, lo que había agotado la paciencia divina. “Me he cansado de sentir pesar”, dijo Jehová (Jer. 5:1; 15:6, 7). Aquellos judíos habían “regresado a los errores de sus antepasados, los primeros, que rehusaron obedecer” las palabras de Jehová, y lo habían encolerizado por su relación adúltera con dioses falsos (Jer. 11:10; 34:18). Jehová iba a corregir a su pueblo, a castigarlo “hasta el grado debido”, a ver si alguien reflexionaba y regresaba a él (Jer. 30:11; 46:28).

3 Dios utilizó a Jeremías para predecir algo que tendría beneficios mucho más amplios y duraderos: un nuevo pacto o alianza. Al estudiar sus escritos proféticos, nos damos cuenta de las múltiples razones que tenemos para prestar atención a este prometedor elemento. El nuevo pacto iba a sustituir al celebrado con Israel después del éxodo de Egipto, cuyo mediador fue Moisés (léase Jeremías 31:31, 32). Nuestro interés aumenta cuando vemos que Jesucristo hizo referencia a este nuevo pacto al instituir la Cena del Señor (Luc. 22:20). Además, el apóstol Pablo habló de él en la carta a los Hebreos citando del profeta Jeremías y subrayó su relevancia (Heb. 8:7-9). Pero ¿qué es el nuevo pacto? ¿Por qué fue necesario? ¿Quiénes participan en él, y cómo nos beneficia personalmente? Veamos.

¿POR QUÉ EL NUEVO PACTO?

4 Para comprender el significado del nuevo pacto, primero tenemos que entender el propósito del antiguo, es decir, del pacto de la Ley. Este brindaría muchas ventajas a la nación que esperaba la Descendencia prometida, quien sería el medio por el cual se bendecirían infinidad de personas (Gén. 22:17, 18). Al aceptar el pacto de la Ley, los israelitas se convirtieron en “propiedad especial” de Dios. Bajo sus términos, la tribu de Leví proporcionaría los sacerdotes. Cuando Jehová selló el pacto nacional con Israel en el monte Sinaí, mencionó “un reino de sacerdotes y una nación santa”, pero no definió cuándo ni por qué medios llegaría a existir (Éxo. 19:5-8). Mientras tanto, aquel pacto dejó claro que los israelitas no podían obedecer todos los aspectos de la Ley, o sea, puso de manifiesto sus pecados. Por lo tanto, tenían que ofrecer sacrificios periódicos para obtener el perdón. Era obvio, pues, que se necesitaba algo mejor: un sacrificio perfecto que no tuviera que repetirse. Era preciso que el perdón de pecados fuera duradero (Gál. 3:19-22).

5 Ya podemos vislumbrar por qué, incluso estando en vigor el pacto de la Ley, Dios impulsó a Jeremías a profetizar acerca de otro pacto: el nuevo pacto. Ahora bien, por su amor y bondad, Jehová quiso ofrecer ayuda permanente a más de una nación. Mediante Jeremías, dijo sobre los que estarían incluidos en la futura alianza: “Perdonaré su error, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:34). Aunque aquella promesa se hizo en el pasado, ofrece un maravilloso porvenir a toda la humanidad. ¿Cómo?

6 Aún somos imperfectos, y con frecuencia nos damos cuenta de esta cruda realidad. Sirvan de muestra las palabras de un hermano que luchaba contra una falta seria: “Cuando volvía a caer, me sentía fatal. Pensaba que nunca podría pagar por lo que había hecho. Me costaba muchísimo orar. Empezaba diciendo: ‘Jehová, no sé si vas a oír esta oración, pero...’”. Algunos que han sufrido una recaída o han cometido un pecado han sentido como si “una masa de nubes” estuviera obstaculizando sus oraciones (Lam. 3:44). Otros se han visto acosados por los recuerdos de males cometidos, incluso años después del incidente. Hasta cristianos ejemplares tal vez digan cosas que luego lamenten (Sant. 3:5-10).

7 Nadie debe pensar que nunca va a caer en un mal proceder (1 Cor. 10:12). Inclusive el apóstol Pablo reconoció que cometía errores (léase Romanos 7:21-25). Es entonces cuando debe venirnos a la mente el nuevo pacto. Un aspecto esencial de este sería que Dios no recordaría los pecados. ¡Qué beneficio tan singular! El propio Jeremías debió de sentirse emocionado, y nosotros también podemos sentirnos igual si aprendemos más sobre el nuevo pacto y sus beneficios.

¿Por qué instituyó Dios un nuevo pacto?

¿QUÉ ES EL NUEVO PACTO?

8 A medida que conocemos mejor a Jehová, percibimos cada vez más lo bueno y misericordioso que es con la humanidad imperfecta (Sal. 103:13, 14). Con el anuncio del nuevo pacto, Jeremías destacó que Jehová ‘perdonaría el error’ y no recordaría más el pecado (Jer. 31:34). “¿Cómo lo hará?”, quizás se haya preguntado el profeta. Al oír la palabra pacto, Jeremías podía al menos deducir que Dios establecería un acuerdo o contrato con los seres humanos, mediante el cual, de alguna manera, llevaría a cabo lo que le había inspirado a escribir, incluido el perdón. Eso sí, no se sabrían más detalles hasta que Jehová hiciera mayores revelaciones sobre su propósito y lo que haría el Mesías.

[Ilustración de la página 172]

9 Tal vez hayamos visto a padres que miman a sus hijos y no los disciplinan. ¿Esperaríamos que Jehová actuara igual? En absoluto. Y eso se ve claro por la manera como entró en vigor el nuevo pacto. En vez de borrar los pecados de un plumazo, Dios escrupulosamente se ajustó a su norma de justicia y, a pesar del elevado precio, suministró el fundamento legal para el perdón de pecados. Lo podemos comprender mejor si nos fijamos en lo que escribió el apóstol Pablo (léase Hebreos 9:15, 22, 28). Él mencionó “la liberación [...] por rescate” y dijo que “a menos que se derrame sangre no se efectúa ningún perdón”. En el caso del nuevo pacto, no se trataba de la sangre de toros o machos cabríos que se ofrecía por mandato de la Ley. El nuevo pacto se validó con la sangre de Jesús. Basándose en este sacrificio perfecto, Jehová podía ‘perdonar el error y el pecado’ para siempre (Hech. 2:38; 3:19). Pero ¿quiénes entrarían en este nuevo pacto y obtendrían el perdón? No la nación judía. Jesús dijo que Dios rechazaría a los judíos, que ofrecían sacrificios animales según la Ley, y pactaría con otra nación (Mat. 21:43; Hech. 3:13-15). Aquella nación resultó ser “el Israel de Dios”, compuesto de cristianos ungidos con espíritu santo. Sencillamente, el pacto de la Ley implicó a Dios y al Israel natural, mientras que el nuevo pacto se establece entre Jehová y el Israel espiritual, con Jesús de Mediador (Gál. 6:16; Rom. 9:6).

10 Jeremías llamó apropiadamente al futuro Mesías el “brote” de David. Mientras Jeremías servía de profeta, el árbol genealógico de David todavía estaba cortado; sin embargo, su tocón no estaba muerto. Al debido tiempo, Jesús nacería en el seno de una familia del linaje real de David y se le llamaría “Jehová Es Nuestra Justicia”, destacando así el profundo interés de Dios en dicha cualidad (léase Jeremías 23:5, 6). Jehová permitió que su Hijo unigénito sufriera y muriera en la Tierra; ahora, en armonía con la justicia, podía aplicar el valor del sacrificio del “brote” de David como base para el perdón (Jer. 33:15). Esto allanó el camino para que algunos seres humanos fueran declarados “justos para vida” y ungidos con espíritu santo a fin de ser incluidos en el nuevo pacto. Otra prueba más del interés divino en la justicia es que incluso aquellos que no participan directamente en este pacto pueden beneficiarse de él, como veremos a continuación (Rom. 5:18).

[Ilustración de la página 174]
“La ley del Cristo” nos impulsa a servir a Jehová de buena gana

11 ¿Qué otras características distintivas tiene el nuevo pacto? Una diferencia fundamental entre este y el de la Ley mosaica es el material sobre el que fueron escritos (léase Jeremías 31:33). Los Diez Mandamientos del pacto de la Ley fueron escritos en tablas de piedra, que finalmente desaparecieron. Por otro lado, Jeremías profetizó que la ley del nuevo pacto se escribiría en corazones humanos y no tendría fin. Los cristianos ungidos, participantes de este nuevo pacto, valoran muchísimo esta ley. ¿Y cómo la ven quienes no están directamente implicados en el nuevo pacto, las “otras ovejas”, que tienen la esperanza de vivir para siempre en la Tierra? (Juan 10:16.) Estos también se deleitan en la ley de Dios. En cierto sentido son como los residentes forasteros de Israel, quienes aceptaron la Ley de Moisés y se beneficiaron de ella (Lev. 24:22; Núm. 15:15).

12 ¿Cómo responderíamos si se nos preguntara qué es esta ley inscrita en el corazón de los cristianos ungidos? A esta ley también se la llama “la ley del Cristo”, y fue dada primero a los israelitas espirituales, los que están en el nuevo pacto (Gál. 6:2; Rom. 2:28, 29). Esta ley se puede sintetizar en una palabra: amor (Mat. 22:36-39). ¿Cómo se graba en el corazón de los ungidos? Principalmente mediante la oración y el estudio de la Palabra de Dios. Por lo tanto, estos aspectos de la adoración verdadera deben ser un hábito diario de todos los cristianos, incluso de los que no intervienen en el nuevo pacto pero quieren beneficiarse de él.

13 “La ley del Cristo” también es denominada “la ley perfecta que pertenece a la libertad” y “la ley de un pueblo libre” (Sant. 1:25; 2:12). Muchos nacieron bajo la Ley de Moisés, pero nadie nace bajo el nuevo pacto o bajo la ley de Cristo. Quienes se sujetan a la ley de Cristo no sirven a Dios por coacción; más bien, se alegran de saber que la ley de Dios puede ser grabada en su corazón y que los eternos beneficios del pacto profetizado por Jeremías están al alcance de toda la humanidad.

¿Cómo hizo posible Dios el perdón mediante el nuevo pacto? ¿Cómo aprendemos sobre la ley que se escribe en los corazones?

BENEFICIARIOS DEL NUEVO PACTO

14 Al saber que los 144.000 son una parte integrante del nuevo pacto, hay quienes han pensado que ellos son los únicos beneficiarios. Tal vez lleguen a esa conclusión porque son solo los ungidos quienes han de participar de los emblemas en la Conmemoración anual de la muerte de Cristo, donde el vino representa la “sangre del pacto” (Mar. 14:24). No obstante, recordemos que quienes entran en el nuevo pacto son, junto con Jesús, la “descendencia” de Abrahán, mediante la cual se bendecirán todas las naciones (Gál. 3:8, 9, 29; Gén. 12:3). Con el nuevo pacto, Jehová cumplirá, de un modo u otro, su promesa de bendecir a toda la humanidad mediante la “descendencia” de Abrahán.

15 Jesucristo, la parte principal de la descendencia de Abrahán, sirve de Sumo Sacerdote y suministra el sacrificio perfecto que posibilita el perdón de los errores y pecados (léase Hebreos 2:17, 18). Con todo, Dios había predicho tiempo atrás la formación de “un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxo. 19:6). En el Israel natural, los sacerdotes pertenecían a una tribu, y los reyes, a otra. Entonces, ¿cómo surgiría esta nación de reyes y sacerdotes? El apóstol Pedro escribió su primera carta a quienes habían sido santificados por el espíritu (1 Ped. 1:1, 2). Los llamó “un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo para posesión especial” (1 Ped. 2:9). Bajo el nuevo pacto, los cristianos ungidos servirán de subsacerdotes. Pensemos en lo que esto supone. Todos los días tenemos que luchar contra la influencia del pecado, que aún ‘reina’. Pues bien, como los subsacerdotes habrán pasado por circunstancias semejantes a las nuestras, sabrán cómo se siente uno cuando comete errores y lo atenaza el sentimiento de culpa (Rom. 5:21). Así que junto con Cristo, nos ayudarán con compasión a superar las tendencias pecaminosas.

16 En Revelación 7:9, 14 se ve a la “gran muchedumbre” que va “vestid[a] de largas ropas blancas”, símbolo de una posición limpia ante Dios. Con el objetivo de sobrevivir a “la gran tribulación”, esta multitud ya está formándose; por lo tanto, sus integrantes obtienen desde ahora cierto grado de justicia ante Jehová. Se les declara justos como sus amigos (Rom. 4:2, 3; Sant. 2:23). ¡Qué enorme beneficio! Si somos parte de la gran muchedumbre, tengamos la seguridad de que Dios nos ayudará en la lucha por permanecer limpios a sus ojos.

17 ¿Qué ocurre con los pecados de quienes tienen el favor de Dios? Como se mencionó antes, Jehová dijo por medio de Jeremías: “Perdonaré su error, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:34). Dios hace esto con los ungidos en virtud del sacrificio de Jesús. Igualmente, puede perdonar los pecados de la gran muchedumbre gracias a la misma “sangre del pacto”. El que Jeremías dijera que Dios no ‘se acordaría’ más de los pecados no significa que perdería la memoria y ya no podría recordarlos. Más bien, indica que él echa los pecados tras sus espaldas una vez que ha administrado la disciplina necesaria y ha perdonado al pecador arrepentido. Pensemos en los pecados que cometió el rey David relacionados con Bat-seba y Urías. David recibió disciplina y sufrió las consecuencias (2 Sam. 11:4, 15, 27; 12:9-14; Isa. 38:17). Sin embargo, Dios no siguió imputándole sus pecados (léase 2 Crónicas 7:17, 18). Como se señala en el nuevo pacto, una vez que él perdona los pecados mediante el sacrificio de Jesús, ya no los recuerda más (Eze. 18:21, 22).

18 Por consiguiente, el nuevo pacto subraya una maravillosa cualidad de Jehová en sus tratos con los seres humanos imperfectos, tanto los ungidos, que entran en el pacto, como los que tienen una esperanza terrestre. Podemos confiar en que una vez que Jehová perdona nuestros pecados, ya no vuelve a sacarlos a colación. De modo que la promesa de Dios sobre el nuevo pacto encierra una lección para cada uno de nosotros. Debemos preguntarnos: “¿Procuro imitar a Jehová no sacando a relucir los errores de los demás, ofensas que he dicho que ya he perdonado?” (Mat. 6:14, 15). Esta enseñanza se hace extensiva tanto a ofensas de poca monta como a asuntos muy importantes, como el caso de que un cónyuge cristiano haya cometido adulterio, que es un pecado. Si el cónyuge inocente decide aceptar el arrepentimiento del culpable, no debe ‘acordarse más de su pecado’. Quizás no sea fácil echar los errores ajenos tras las espaldas, pero esta es una manera de imitar a Jehová.*

19 Esta lección que se desprende del nuevo pacto es también aplicable al caso de alguien que estuvo expulsado pero que se arrepintió y fue readmitido en la congregación. ¿Cómo reaccionaríamos si tal persona nos hubiera defraudado o difamado de alguna manera? Ahora que vuelve a ser parte de la congregación, ¿cómo influirá en nuestra manera de pensar y actuar lo que dice Jeremías 31:34? ¿La perdonaremos y no volveremos a sacar a relucir su falta? (2 Cor. 2:6-8.) Eso es algo que todos los que apreciamos el valor del nuevo pacto debemos poner en práctica.

¿Cómo podemos poner en práctica la lección sobre el perdón que se desprende del nuevo pacto?

BENDICIONES PRESENTES Y FUTURAS DEL NUEVO PACTO

[Ilustración de la página 179]
Quienes hayan servido a Dios fielmente gozarán de bendiciones futuras

20 En los días de Jeremías, muchos judíos en realidad decían: “Jehová no hará bien, y no hará mal” (Sof. 1:12). Aunque poseían ciertos conocimientos de quién y cómo es Jehová, pensaban que él no iba a actuar y que tampoco esperaba que ellos vivieran a la altura de norma alguna. Nosotros, en cambio, sabemos que nada escapa a los ojos de Dios; le tenemos un temor reverente y de ningún modo queremos hacer nada malo (Jer. 16:17). Al mismo tiempo, sabemos que Jehová es un Padre benevolente, que ve nuestras buenas obras, sea que otros se percaten de ellas o no (2 Cró. 16:9).

21 Otro aspecto importante del nuevo pacto es el siguiente: “Pondré mi ley dentro de ellos, y en su corazón la escribiré. Y ciertamente llegaré a ser su Dios [...]. Y ya no enseñarán cada uno a su compañero y cada uno a su hermano, diciendo: ‘¡Conozcan a Jehová!’, porque todos ellos me conocerán” (Jer. 31:33, 34). Los ungidos que hoy viven en la Tierra han demostrado que tienen la ley de Dios en su interior. Aman las verdades contenidas en ella en vez de confiar en las doctrinas de los hombres y han transmitido felices el conocimiento bíblico a quienes forman la gran muchedumbre. Así, estos que tienen la esperanza de vivir en la Tierra también han llegado a conocer y amar a Jehová. Se someten voluntariamente a su dirección y confían en sus promesas. De seguro usted es uno de ellos, pues conoce bien a Dios y tiene una relación personal con él. ¿No es este otro gran beneficio?

22 ¿Cómo ha fortalecido usted su relación con Jehová? Sin duda, recuerda ocasiones en que vio contestadas sus oraciones; como resultado de tales experiencias, aumentó su aprecio por la clase de Dios que es. O quizás percibió su ayuda cuando le vino a la mente un pasaje bíblico que lo animó a luchar contra la adversidad. Pues bien, atesore tales vivencias. Si sigue estudiando su Palabra, conocerá mejor a Dios, lo cual lo beneficiará indefinidamente.

23 Ligada al nuevo pacto viene, además, otra ventaja de la que podemos disfrutar ahora. Saber que Jehová perdona según las reglas del nuevo pacto contribuirá a que nos libremos de los persistentes sentimientos de culpa. Por ejemplo, una mujer que se practicó un aborto antes de conocer las normas divinas pudiera sentirse abatida porque acabó con la vida de un nuevo ser. Otros se sienten así porque mataron gente en algún conflicto bélico. El sacrificio redentor de Jesús —esencial para el nuevo pacto— suministra la base para el perdón de los que se arrepienten de verdad. Así las cosas, ¿no debería esto convencernos de que si Jehová nos ha perdonado, considera cerrado el caso? No tenemos por qué seguir pensando en los pecados que Jehová ha perdonado por completo.

24 Contamos con una descripción gráfica del perdón de Dios en Jeremías 31:20 (léase). Decenios antes de nacer Jeremías, Jehová castigó a Israel, el reino del norte —representado por Efraín, la más importante de sus diez tribus—, por su idolatría. Los israelitas fueron desterrados; no obstante, Dios estaba muy unido a ellos y les mostró un gran cariño. Aún los amaba como si fueran “un niño acariciado”, o predilecto. Cuando pensaba en ellos, sus intestinos se ‘alborotaban’, en el sentido de que se conmovía profundamente. Este relato, que forma parte del contexto en el que se presenta el nuevo pacto, señala lo magnánimo que es Jehová con aquellos que se arrepienten de su mala conducta.

25 La promesa de Jehová de perdonar los pecados mediante el nuevo pacto se habrá cumplido en toda su extensión al fin del Reinado Milenario de Cristo. Jesucristo y los 144.000 subsacerdotes habrán restaurado a la perfección a los seres humanos fieles. Quienes superen la prueba final llegarán a ser miembros de pleno derecho de la familia universal de Jehová (léase Romanos 8:19-22). Por siglos, la humanidad se ha quejado por la aplastante carga del pecado, pero entonces “tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios”, libertad del pecado y la muerte. Por lo tanto, tenga la certeza de que usted puede obtener mediante la amorosa disposición del nuevo pacto abundantes bendiciones presentes y futuras. Gracias al “brote” de David, podrá disfrutar de “justicia en la tierra” (Jer. 33:15).

¿Cómo nos beneficia el nuevo pacto ahora y en el futuro?

[Nota]

La disposición de Dios a perdonar se ejemplificó en el trato que le dio Oseas a Gómer. Véanse los comentarios sobre Oseas 2:14-16 que aparecen en Vivamos muy pendientes del día de Jehová, páginas 128 a 130.

[Preguntas del estudio]

 1. ¿Qué misión doble realizó Jeremías?

 2. ¿Por qué castigó Jehová a su pueblo, y hasta qué grado?

 3. ¿Por qué debe interesarnos la profecía del nuevo pacto?

 4. ¿Qué logró el pacto de la Ley?

 5. ¿Por qué anunció Jehová que habría un nuevo pacto?

 6, 7. a) ¿Cómo se sienten algunos por sus pecados? b) ¿Por qué nos animará el análisis del nuevo pacto?

 8, 9. ¿Cuál fue el precio que pagó Jehová para hacer posible el perdón de los pecados?

10. a) ¿Quién es el “brote” de David? b) ¿Cómo nos beneficia lo que hizo el “brote”?

11. a) ¿Sobre qué se escribe la ley del nuevo pacto? b) ¿Por qué les interesa a las “otras ovejas” la ley del nuevo pacto?

12, 13. a) ¿Qué es la ley del nuevo pacto? b) Bajo “la ley del Cristo”, ¿por qué no nos sentimos coaccionados para servir a Dios?

14. ¿Quiénes, obviamente, se benefician del nuevo pacto?

15. ¿Qué función se predijo que desempeñarán los ungidos?

16. ¿Qué ánimo puede obtener de Revelación 7:9, 14 la “gran muchedumbre”?

17. ¿En qué sentido no ‘se acuerda’ más Jehová de los pecados?

18, 19. ¿Qué lección sobre el perdón encierra el nuevo pacto?

20. ¿En qué se diferencia nuestra actitud de la de muchos judíos del tiempo de Jeremías?

21, 22. ¿Por qué ya no hace falta que alguien nos inste a ‘conocer a Jehová’?

23. ¿Cómo nos ayuda a librarnos de sentimientos inquietantes el conocer a Jehová?

24. ¿Qué ánimo podemos obtener de Jeremías 31:20?

25. ¿Qué razones tenemos para estar agradecidos a Jehová por el nuevo pacto?

[Ilustración de la página 172]

[Ilustración de la página 174]

“La ley del Cristo” nos impulsa a servir a Jehová de buena gana

[Ilustración de la página 179]

Quienes hayan servido a Dios fielmente gozarán de bendiciones futuras