Siervos felices de Jehová cantándole en una reunión cristiana

CAPÍTULO 31

‘Acerquémonos a Dios, y él se acercará a nosotros’

A LOS padres les encanta ver sonreír a su bebé. No es raro que acerquen la cara a la suya, le hagan ruiditos y sonrían efusivamente. Anhelan una respuesta, la cual no tarda en llegar: se forman hoyuelos en las mejillas, se arquean los labios y brota una deliciosa sonrisa infantil que, a su modo, parece expresar afecto, un naciente amor que corresponde al de los padres.

2 La sonrisa del pequeño nos recuerda una importante característica de la naturaleza humana. Ante el amor, nuestra reacción espontánea es amar; así es como estamos hechos (Salmo 22:9). Con los años, aumenta la capacidad de respuesta. Tal vez nos vengan a la memoria las muestras de afecto que nos dispensaron nuestros padres, parientes y amigos en la niñez. En nuestro corazón echó raíces un cálido sentimiento, que creció y dio por fruto actos con los que correspondimos al cariño recibido. ¿Sigue nuestra relación personal con Jehová Dios un proceso semejante?

3 Dice la Biblia: “En cuanto a nosotros, amamos, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Las secciones 1 a 3 nos recordaron que Jehová ha ejercitado amorosamente su poder, justicia y sabiduría a fin de beneficiarnos a nivel individual. Y la sección 4 mostró que él ha expresado directamente su amor por la humanidad —incluido usted— de formas extraordinarias. Ahora surge una pregunta, en cierto sentido la más importante que cada uno de nosotros puede plantearse: “¿Cómo responderé yo al amor de Jehová?”.

Qué significa amar a Dios

4 Jehová, la Fuente del amor, sabe muy bien que este tiene una inmensa fuerza, pues hace aflorar las mejores cualidades de las personas. A pesar de que la humanidad infiel ha persistido en su espíritu rebelde, él ha mantenido la confianza en que algunos respondan a su amor. Y, en efecto, millones así lo han hecho. Por desgracia, las religiones de este mundo corrupto han dejado a la gente confundida sobre lo que significa amar a Dios. Son muchísimos los que dicen tenerle amor, pero por lo visto lo toman como un sentimiento que se expresa únicamente con palabras. El amor a Dios puede comenzar de esta manera, tal como el afecto de un bebé para con sus padres quizá se muestre inicialmente con una sonrisa. Sin embargo, en el caso de los adultos, el amor implica algo más.

5 Jehová define en su Palabra qué quiere decir amarlo: “Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos”. Por lo tanto, se trata de un sentimiento que se expresa con actos. Es cierto que a muchos no les atrae la idea de obedecer. Pero el citado versículo hace esta bondadosa aclaración: “Y, sin embargo, [los] mandamientos [divinos] no son gravosos” (1 Juan 5:3). Así pues, los principios y leyes de Jehová no son para oprimirnos, sino para beneficiarnos (Isaías 48:17, 18). La Biblia contiene muchos principios que nos ayudan a acercarnos al Creador. ¿De qué forma? Repasemos tres aspectos de nuestra relación con él: la comunicación, la adoración y la imitación.

Comunicarse con Jehová

6 El capítulo 1 se abre con la pregunta: “¿Se imagina conversando con Dios?”. Como vimos, no es una idea fantasiosa. Al fin y al cabo, Moisés mantuvo una conversación de este tipo. ¿Y nosotros? Bueno, hoy Jehová no envía a sus ángeles a hablar con los seres humanos, pero sí dispone de excelentes medios para comunicarse con nosotros. ¿De qué manera lo escuchamos?

7 Lo hacemos cuando leemos su Palabra, la Biblia, pues “[toda] Escritura es inspirada de Dios” (2 Timoteo 3:16). De ahí que el salmista exhortara a los siervos de Jehová a leerla “día y noche” (Salmo 1:1, 2). Esta labor exige bastante esfuerzo de nuestra parte, pero vale la pena. Según aprendimos en el capítulo 18, las Escrituras son como una valiosa carta que nos dirige nuestro Padre celestial, de modo que leerlas no debería ser una carga. Nuestra lectura tiene que impartirles vida. ¿Cómo lo lograremos?

8 Mientras leemos, visualicemos los relatos. Tratemos de ver a los personajes bíblicos como gente real. Procuremos enterarnos de sus antecedentes, circunstancias y motivos. Luego, reflexionemos sobre lo que hayamos leído y hagámonos preguntas como estas: “¿Qué me enseña sobre Jehová la narración? ¿Qué cualidades suyas distingo? ¿Qué principio desea él que aprenda, y cómo puedo aplicarlo en mi vida?”. Leamos, meditemos y apliquemos las lecciones. De este modo, la Palabra de Dios cobrará vida para nosotros (Salmo 77:12; Santiago 1:23-25).

9 Jehová también nos habla mediante “el esclavo fiel y discreto”, es decir, un grupito de varones ungidos, el cual, como predijo Jesús, ha sido nombrado para dar “alimento al tiempo apropiado” en estos turbulentos últimos días (Mateo 24:45-47). Recibimos dicho alimento espiritual cuando leemos las publicaciones que ha preparado para ayudarnos a adquirir conocimiento exacto de la Biblia, y también cuando asistimos a las reuniones y asambleas cristianas. Dado que se trata del esclavo de Cristo, hacemos bien en aplicar estas palabras de Jesús: “Presten atención a cómo escuchan” (Lucas 8:18). Escuchamos con interés porque reconocemos que el esclavo fiel es uno de los medios por los que Dios se comunica con nosotros.

10 Ahora bien, ¿qué hay de la comunicación con Jehová? ¿Podemos nosotros hablar con él? Sin duda esta idea impone respeto. Si pidiéramos audiencia a la máxima autoridad del país para explicarle nuestras inquietudes, ¿qué probabilidades habría de que nos la concediera? En algunos casos sería peligroso siquiera intentarlo. Por ejemplo, en la época de Ester y Mardoqueo, el ciudadano que se aproximara al rey de Persia sin invitación previa se arriesgaba a ser ejecutado (Ester 4:10, 11). Ahora, imaginémonos compareciendo ante el Señor Soberano del universo, en comparación con el cual hasta los seres humanos más poderosos “son como saltamontes” (Isaías 40:22). ¿Nos debería intimidar la idea de acercarnos a él? De ningún modo.

11 Jehová ha dispuesto un medio para acercarnos a él de forma abierta y sencilla: la oración. Hasta un chiquitín puede dirigirse a Dios si lo hace con fe y en el nombre de Jesús (Juan 14:6; Hebreos 11:6). Con todo, podemos transmitirle los conceptos y sentimientos más complejos y recónditos, hasta los que son tan dolorosos que nos cuesta expresarlos con palabras (Romanos 8:26). De nada vale tratar de impresionarlo con lenguaje florido y elocuente o con plegarias largas y verbosas (Mateo 6:7, 8). Por otro lado, él no nos pone restricciones de tiempo o frecuencia a la hora de hablarle. De hecho, su Palabra nos invita a ‘orar incesantemente’ (1 Tesalonicenses 5:17).

12 Recordemos que Jehová es el único al que se llama “Oidor de la oración”, y que él escucha con verdadera empatía (Salmo 65:2). ¿Se limita a soportar las oraciones de sus siervos fieles? No, pues en realidad se complace en ellas. Su Palabra las compara al incienso que, al quemarse, eleva a lo alto un relajante aroma (Salmo 141:2; Revelación [Apocalipsis] 5:8; 8:4). ¿Verdad que nos tranquiliza saber que, de igual modo, nuestras oraciones sinceras ascienden al Señor Soberano y le agradan? Por lo tanto, si queremos acercarnos a él, orémosle humildemente y con frecuencia, todos los días. Abrámosle el corazón sin reservas (Salmo 62:8). Contémosle nuestras inquietudes y alegrías, y démosle gracias y alabanza. El vínculo que tenemos con nuestro Padre celestial se hará así cada vez más fuerte.

Adorar a Jehová

13 Ahora bien, la comunicación con Jehová no es un simple diálogo, como el que sostendríamos con un amigo o un familiar. Es un medio por el cual lo adoramos y le tributamos la honra reverencial que tanto merece. Nuestra vida entera se rige por la adoración verdadera, la cual nos permite expresar a Dios amor y devoción incondicionales, al tiempo que nos une a todas sus criaturas fieles, tanto en el cielo como en la Tierra. En una visión, el apóstol Juan oyó a un ángel que proclamaba este mandato: “Adoren al que hizo el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas” (Revelación 14:7).

14 ¿Por qué debemos adorar a Jehová? Pensemos en las cualidades que hemos analizado, como su santidad, poder, autodominio, justicia, valor, misericordia, sabiduría, humildad, amor, compasión, lealtad y bondad. Hemos visto que Dios es el máximo exponente y la norma más elevada de todas las virtudes. Cuando las examinamos en conjunto, percibimos que él es mucho más que una Persona grandiosa y admirable. Es inmensamente glorioso e infinitamente superior a nosotros (Isaías 55:9). Sin duda, es nuestro legítimo Soberano y merece que lo adoremos. Pero ¿cómo hemos de hacerlo?

15 Jesús dijo: “Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con verdad” (Juan 4:24). Esto significa que han de rendirle culto bajo la guía de Su espíritu y con un corazón lleno de fe y amor. También deben hacerlo en armonía con la verdad, o sea, con el conocimiento exacto que transmite en su Palabra. Las reuniones con los hermanos cristianos constituyen una magnífica oportunidad de adorar a Jehová “con espíritu y con verdad” (Hebreos 10:24, 25). Juntos le cantamos alabanzas, le oramos y realizamos un examen de su Palabra en el que somos tanto oyentes como parte activa. De este modo participamos en la adoración pura y le manifestamos nuestro amor.

16 También lo adoramos cuando hablamos de él y lo alabamos públicamente (Hebreos 13:15). Sin lugar a dudas, el mandato de predicar las buenas nuevas de su Reino es uno de los más importantes que han recibido los cristianos verdaderos (Mateo 24:14). Lo obedecemos de todo corazón por amor a Jehová. Cuando pensamos en la forma en que “el dios de este sistema de cosas”, Satanás, “ha cegado las mentes de los incrédulos”, difundiendo terribles mentiras acerca de nuestro Dios, ¿acaso no sentimos vivos deseos de ser Testigos suyos para exponer la falsedad de tales calumnias? (2 Corintios 4:4; Isaías 43:10-12.) Y al reflexionar sobre las maravillosas cualidades de nuestro Padre celestial, ¿no nace en nosotros el ferviente anhelo de hablar de él con nuestros semejantes? En efecto, no hay mayor privilegio que ayudarlos a conocerlo y amarlo como nosotros.

17 La adoración que rendimos a Dios abarca aún más. En realidad, no excluye ningún aspecto de nuestra existencia (Colosenses 3:23). Si de verdad aceptamos a Jehová como Soberano, procuraremos hacer su voluntad en todos los campos: la familia, el trabajo, las relaciones personales y el ocio. Además, nos esforzaremos por servirle “con corazón completo”, con integridad (1 Crónicas 28:9). Esta adoración no deja lugar para tener un corazón dividido o llevar una doble vida, es decir, para las conductas hipócritas de quienes fingen servir a Dios y cometen graves pecados en secreto. La integridad impide tal hipocresía, y el amor la repudia. Otro freno es el temor piadoso, reverencia que, según indica la Biblia, permite mantener una estrecha relación con Jehová (Salmo 25:14).

Imitar a Jehová

18 Cada sección de este libro termina con un capítulo que explica la forma de ser “imitadores de Dios, como hijos amados” (Efesios 5:1). Es fundamental recordar que, aun siendo imperfectos, podemos copiar el modelo que nos da Jehová al hacer uso de su poder, ejercer justicia, actuar con sabiduría y demostrar amor. ¿Cómo sabemos que realmente nos es posible hacerlo? Recordemos que el significado del nombre divino es que él hace que él mismo llegue a ser lo que elija para cumplir sus propósitos. Esta capacidad nos llena de asombro, y con razón; pero ¿escapa por completo a nuestro alcance? No.

19 Los seres humanos estamos hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26). Por consiguiente, nos distinguimos de las demás criaturas del planeta. No somos esclavos del instinto, la genética o el medio ambiente en que crecemos. Disponemos de un maravilloso don divino: el libre albedrío. A pesar de nuestras limitaciones e imperfecciones, tenemos la libertad de escoger qué vamos a ser. ¿Queremos ser personas amorosas, sabias y justas que hacen buen uso de su poder? Pues gracias al espíritu de Jehová lo podemos conseguir. Pensemos en cuántas cosas buenas lograremos de este modo.

20 Complaceremos al Padre celestial y regocijaremos su corazón (Proverbios 27:11). Llegaremos a ‘agradar plenamente’ a Jehová, pues él comprende nuestras limitaciones (Colosenses 1:9, 10). Y al seguir cultivando buenas cualidades en imitación de nuestro amado Padre, disfrutaremos del grandioso privilegio de ser iluminadores en un mundo sumido en tinieblas y alejado de Dios (Mateo 5:1, 2, 14). Así contribuiremos a difundir en la Tierra reflejos de la gloriosa personalidad de Jehová. ¡Qué honor tan grande!

“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes”

Cristiano meditando en su relación con Jehová
Acerquémonos cada día más a Jehová

21 Esta sencilla exhortación de Santiago 4:8 es más que una meta. Es un viaje que, si seguimos fieles, jamás terminará. En efecto, nunca dejaremos de acercarnos a Jehová. A fin de cuentas, siempre podremos aprender más con respecto a él. No deberíamos imaginar que este libro nos ha enseñado cuanto podemos saber sobre Dios. En realidad apenas hemos comenzado a analizar lo que dice la Biblia de él. Y ni siquiera esta contiene todos los conocimientos sobre Jehová. El apóstol Juan dedujo que si se detallara lo que había hecho Jesús durante su ministerio terrestre, “el mundo mismo no podría contener los rollos que se escribieran” (Juan 21:25). Si fue posible hacer esta afirmación acerca del Hijo, ¡cuánto más del Padre!

22 Ni siquiera en la vida eterna llegaremos a aprender todo lo referente a Jehová (Eclesiastés 3:11). Pensemos, por tanto, en lo que nos depara el futuro. Cuando hayamos vivido cientos, miles, millones o incluso billones de años, sabremos mucho más sobre el Creador que en la actualidad. Pero aun entonces veremos que nos quedan por aprender incontables maravillas. Y estaremos ansiosos de aumentar nuestro conocimiento, pues nunca nos faltarán razones para sentirnos como el salmista, que cantó: “El acercarme a Dios es bueno para mí” (Salmo 73:28). La vida sin fin será increíblemente rica y variada, y el proceso de acercarnos cada día más a Jehová siempre será el aspecto más gratificante.

23 Así pues, respondamos ahora al amor de Dios amándolo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:29, 30). Amémoslo con lealtad y constancia. Demostremos con nuestras decisiones cotidianas, desde las más pequeñas a las más grandes, que nos guiamos por el mismo principio: elegir siempre la senda que fortalezca nuestra relación con el Padre celestial. Sobre todo, ¡acerquémonos cada vez más a Jehová, y acérquese él a nosotros, por toda la eternidad!

Preguntas para meditar

Salmo 25:1-22 ¿Cómo nos acercamos más a Jehová, y qué confianza obtenemos de este modo?

Oseas 6:3 ¿Cómo indica este versículo que adquirir conocimiento de Jehová es una labor que exige esfuerzo y reporta bendiciones?

Mateo 16:21-27 Si queremos imitar a Jehová, ¿qué ejemplo debemos seguir, y qué actitud hemos de manifestar?

Revelación 21:3, 4 Al meditar en las bendiciones que va a traer Jehová, ¿qué nos sentimos impulsados a hacer en agradecimiento?

[Preguntas del estudio]

 1-3. a) ¿Qué aprendemos sobre la naturaleza humana al observar a unos padres jugando con su bebé? b) ¿Qué proceso comienza espontáneamente cuando se nos muestra cariño, y qué importante pregunta podemos plantearnos?

 4. ¿Qué confusión existe sobre lo que significa amar a Dios?

 5. ¿Cómo define la Biblia el amor de Dios, y por qué debería resultarnos atrayente tal definición?

 6-8. a) ¿De qué manera escuchamos a Jehová? b) ¿Cómo logramos que cobren vida las Escrituras cuando las leemos?

 9. ¿Quién es “el esclavo fiel y discreto”, y por qué es importante que lo escuchemos con interés?

10-12. a) ¿Por qué es la oración un maravilloso don de Jehová? b) ¿Cómo podemos orar de manera grata a Jehová, y por qué estamos seguros de que aprecia que lo hagamos?

13, 14. ¿Qué implica adorar a Jehová, y por qué es propio que lo hagamos?

15. ¿De qué manera adoramos a Jehová “con espíritu y con verdad”, y qué oportunidad nos brindan las reuniones cristianas?

16. ¿Cuál es un importantísimo mandato que han recibido los cristianos verdaderos, y por qué no podemos menos que obedecerlo?

17. ¿Qué abarca la adoración a Jehová, y por qué hemos de adorarlo con integridad?

18, 19. ¿Por qué es realista pensar que simples personas imperfectas pueden imitar a Jehová Dios?

20. ¿Qué nobles objetivos lograremos si imitamos a Jehová?

21, 22. ¿Qué viaje sin fin emprenden todos los que aman a Jehová?

23. ¿Qué exhortación se nos hace?

[Ilustración de la página 315]

Es un placer asistir a las reuniones cristianas para adorar a Jehová

[Ilustración de la página 318]

Acerquémonos cada día más a Jehová